Logo weiterlesen.de
Tímida Pasión

Capítulo 1

Cleopatra. Las letras coloridas bailaban de modo encantador ante los ojos de Elli. Le sonreían de manera irónica y osada a la vez. Elli se quedó mirando fijamente el cartel luminoso, como si la estuviera atrayendo mágicamente hacia sí. Casi pudo oír cómo las letras le decían: “¡Ven! ¡Ven acá, si te animas!” Elli parpadeó torpemente. Le pareció como si el cartel se estuviera burlando de ella. Sus colores chillones y su destello agresivo la irritaban y no hacían más que aumentar su nerviosismo. Elli tragó saliva. Le costaba respirar, su pulso estaba acelerado. Su instinto le ordenó retirarse inmediatamente. Darse a la fuga. Cleopatra no era lugar para ella. Cleopatra no era el lugar indicado para alguien que pasaba su tiempo libre en el café literario, paseaba gratuitamente perros que no tenían dueño o ayudaba a las señoras mayores con los mandados. Cleopatra era…Elli cerró los ojos, se obligó a respirar profundamente. Cleopatra era su salvación. Así de simple. Necesitaba dinero, Cleopatra se lo podía brindar. Elli se mordió el labio inferior tan fuertemente que le hizo doler. Ella debía entrar. La recibió un somnoliento vacío. Las mesas y las sillas estaban tan abandonadas como la pista de baile que la rodeaban. El salón no estaba iluminado. En medio de la penumbra crepuscular, Elli se fue abriendo paso cuidadosamente entre los asientos. ¿Cómo era posible que no hubiera nadie ahí? ¿Se habría equivocado ella en el horario? Le habían dicho que se presente entre las siete y las ocho. Echó un vistazo a su reloj pulsera. Siete y cuarto. ¿Quizá la esperaban recién a las ocho? “Pasa entre las siete y las ocho, tesoro. Pregunta por Eddy -con y griega-. Y por favor sin estrés, ¿sí?”. Esas habían sido las palabras de Eddy -con y griega- al teléfono, cuando Elli lo había llamado esa mañana. Todo estaba claro, salvo la última oración. El modo en que debía entender “sin estrés” representaba para ella un enigma. ¿Significaba acaso “sin estrés” que posiblemente Eddy apareciera recién después de las ocho? ¿O esas palabras estarían pensadas simplemente como una forma de transmitirle tranquilidad?

—Te equivocaste de puerta, dulce.

Elli se estremeció con solo oír la voz ronca. Se esforzó en fijar su vista en la penumbra. Él estaba sentado al final del salón. Elli solo podía distinguir su silueta. Cuidadosamente, como si él fuera a morderla, se fue acercando hacia el hombre que le había hablado. A medida que ella se fue adentrando en el salón pudo reconocer un bar. El desconocido estaba sentado junto a la barra en un taburete que prácticamente era más alto que ella. ¿Sería Eddy con y griega? Elli inspeccionó al desconocido, como si su aspecto exterior pudiera brindarle información sobre su identidad, a pesar de que ella nunca lo había visto. Él estaba apoyado con sus codos sobre la barra, lo cual hacía resaltar bastante su torso desnudo, terso, ancho y musculoso. Elli tragó saliva y bajó la mirada. Ahora había fijado su vista en las piernas. Eran largas y estaban dentro de unos jeans ajustados. Tenía una rodilla flexionada y el pie apoyado en el soporte inferior del taburete mientras que la otra se balanceaba descuidadamente. Sus piernas estaban abiertas, dejando ver el cinturón y una marcada prominencia entre ellas. Las mejillas de Elli enrojecieron. Rápidamente levantó la mirada. ¿No podría el hombre sentarse correctamente? Si realmente era Eddy, ¡alguien debería explicarle qué postura adoptar durante una entrevista de presentación!

Elli se humedeció los labios nerviosamente y le preguntó:

—¿Es usted Eddy?

Él respondió encogiendo sus hombros relajadamente:

—Según quién quiera hablar conmigo.

—Yo soy Elli. Elli Mirten. Estoy acá por el trabajo.

Unos ojos azules la recorrieron de arriba abajo. Comenzaron su examen observándola desde el extremo de su cabello recogido hasta el último botón abrochado de su blusa azul, siguiendo por los pantalones negros de lino hasta sus cómodos zapatos negros de taco bajo. Luego Eddy levantó su mirada de nuevo. Por un momento se quedó mirándola fijamente, sediento como quien encuentra un oasis en el desierto. Finalmente estalló en resonantes carcajadas que llegaban a rasparle le garganta.

—¿Qué trabajo podría ser, dulce? ¡Nosotros no necesitamos ninguna estenógrafa! Nuevamente rió estrepitosamente.

Elli se sonrojó mucho. Ahora sí estaba experimentando la penumbra. La risa de Eddy la irritaba. Hubiera preferido pegarse la media vuelta, solamente que el hecho de pensar en su hermana la llevó a quedarse en ese lugar horrible, soportando a Eddy, quien se estaba secando una lágrima provocada por su risa mientras se desperezaba placenteramente sobre su banco. Elli se lo había imaginado distinto. Si bien su voz ronca coincidía con aquella que había escuchado al teléfono, no podía ver en Eddy a la persona con la cual había hablado por teléfono. Al teléfono Eddy había sonado más cálido, amable y relajado, como si él hubiera percibido el nerviosismo de ella y hubiera querido tranquilizarla. En realidad, él se había acercado a ella distendido y relajado, pero esta actitud, sumada a su insuperable triunfalismo, causó en ella un efecto particularmente distinto al de tranquilizarla.

Eddy era sarcástico y condescendiente y parecía no darse cuenta lo nerviosa que ponía a Elli con sus piernas abiertas y su torso desnudo.

“¡Qué bueno hubiera sido no tener la preocupación por el dinero!” pensaba Elli melancólica. Un colchón financiero la hubiera protegido de tipos como Eddy.

—¿Y, qué pasa? ¿Acaso no me vas a decir para qué puesto te estás postulando? —preguntó Eddy, deleitándose al hacer énfasis en la palabra “puesto”.

—¿Usted… usted ya no lo recuerda? Hablamos esta mañana por teléfono.

—Elli Mirten, lo sé. Pero aquí se postulan más personas que para las Naciones Unidas. Es imposible acordarme del puesto que desea cada una.

Elli frunció el ceño. Se asombró de que Cleopatra diera buenas ganancias con un gerente como Eddy. Ella sabía que Cleopatra funcionaba bien. Se encontraba entre los clubes nocturnos más visitados de la ciudad, si es que no era el local nocturno con mayor demanda. Era prácticamente el único local que contrataba camareras en top-less. El olfato de Eddy para las ganancias se mostraba en el conocimiento de los deseos de sus clientes. Mientras Elli aún dudaba, Eddy porfió:

—Dulce, acá buscamos personal que tenga facilidad para contactarse con los clientes. Aquí no se necesitan mujeres que estén midiendo una por una sus palabras, si es que entiendes a lo que me refiero. Ayudaría si pudieras precisarme en qué tipo de trabajo quisieras desempeñarte.

—Yo… yo quisiera trabajar como camarera —explotó Elli, antes de que pudiera pensar la respuesta de otro modo. Ni siquiera había terminado de expresar su deseo de trabajar en eso, cuando ya estaba sonrojándose. Ya estaba ardiendo de nerviosismo y vergüenza. En Cleopatra solo había un tipo de camareras: las que iban vestidas livianas de ropa o atraían a los clientes sin ropa. Cuando Elli pensaba en su futuro trabajo, sentía como si el suelo se abriera bajo sus pies. No faltaba mucho para que ella se desmayara, con solo pensar en atender en topless a los clientes, clientes masculinos. Únicamente el pensar en Janka la había conducido a Cleopatra. Y también era ese el único pensamiento que la mantenía ahí, ahora, frente a Eddy, quien contraía alevosamente la comisura de sus labios y cuyos ojos brillaban de diversión. Por lo menos esta vez no volvió a burlarse de ella. Ya era suficientemente pesado el tema para ella, pensó Elli.

—¡Ven aquí!

—¿Qué? —exclamó Elli.

Él solo sonrió irónicamente, luego golpeó con una mano su taburete.

—¡Ven acá, ven más cerca!

—¿Cerca? ¿Más cerca?

Los dos metros de distancia que la separaban de la persona que tenía enfrente ya le parecían más que estrechos. El cuerpo de Eddy emanaba fuerza, rebozaba de energía reprimida que podría ser liberada en cualquier momento.

Elli miró sus brazos musculosos. Todavía tenía la apariencia de estar distendido, apoyando su codo sobre la barra, sin embargo, tenía la sensación de que cada fibra de su cuerpo estaría tensa, de que él estaba preparado para lanzarse sobre ella en cualquier momento. Se obligó a tomar aire profundamente. Este no era el momento para fantasías tontas. Ella debía procurar obtener este trabajo a toda costa y luego salir cuanto antes.

—Ven acá —escuchó nuevamente la voz de Eddy.

Esta vez le hizo caso a su orden. Lentamente se fue acercando, con cuidado como una gacela que no sabía si le estaban tendiendo una trampa o simplemente le querían dar de comer.

—¡Más cerca! —ordenó Eddy, implacable, mientras que Elli reducía la distancia a un metro. Con cuidado Elli fue acercando un pie delante del otro. Finalmente estaba tan cerca de él que podría haberla rozado, si él hubiera extendido su mano hacia ella. El la observó, probándola. Sus ojos parecían enrojecidos como rayos láser. La piel de Elli se ruborizaba, por donde fuera que él posara la mirada de sus ojos azules. Finalmente se fijaron en las curvas de su pecho. Elli tragó saliva.

— ¿Qué edad tienes?

Elli se humedeció tímidamente los labios.

—Veintiséis.

Eddy alejó la vista del pecho de ella y levantó la cabeza. Volvió a sonreír burlonamente con una comisura de sus labios.

—Esa edad acá te hace una abuela —Elli le clavó la mirada con enojo. Él podría ahorrarse sus comentarios. Lo único que a ella le interesaba saber era si obtendría el trabajo o no—. ¿Tienes experiencia en este campo? ¿Ya trabajaste en un club nocturno?

—¡Por supuesto que no! —exclamó Elli indignada. Luego recordó dónde estaba y el motivo por el cual estaba allí—. Quiero decir, no, lamentablemente no —se corrigió con fastidio.

Eddy simplemente sonreía irónicamente. Al observar la mirada de Eddy, ella reconoció que su pesar no lo había convencido.

—No es porque no lo haya supuesto —gruñó él.

Elli se estremeció cuando él, de repente, ágil como una pantera, saltó de su taburete. Al momento estrechó sus brazos alrededor de ella. La apretó fuerte contra su pecho y la aprisionó con sus brazos que se cerraban alrededor de ella como una jaula. Elli, aún muy sorprendida como para poder reaccionar y a la vez asustada, intentaba tomar aire. Elli cobró vida nuevamente recién cuando sintió su pecho ajustarse al fuerte pecho de él y al sentir que él envolvía las piernas de ella con las suyas. Elli apretó sus manos contra el pecho de Eddy intentando soltarse agitadamente. Era lo mismo que si hubiera estado peleando con una roca. Él no se movió ni un centímetro de su lugar. Elli se dio por vencida al darse cuenta de que sus esfuerzos eran inútiles. Luego se puso tiesa como una tabla. Su pulso se aceleraba.

—¿Qué está haciendo? ¡Suélteme! —Pero él no daba la menor muestra de querer acceder al pedido de ella. Elli inclinó hacia atrás su cabeza para poder verlo. Sus párpados se agitaron y con nerviosismo exclamó— ¡Ya mismo! ¡Suélteme ya mismo!.

El pánico en su voz no escapó a la atención de Eddy. Él bajó la cabeza y acercó sus labios al oído de Elli mientras le decía:

—Tranquila, dulce. No te voy a hacer nada —pero ante esto, ella se tensionó aún más. Con nuevas fuerzas trató de quitárselo de encima, pero sin éxito. No podía hacer nada contra él. A causa de sus movimientos inquietos fue aumentando el contacto físico entre ellos hasta que ella finalmente se rindió, emitiendo un gemido de resignación. En lugar de luchar contra Eddy se mantuvo tiesa en los brazos de él. Recién ahora ella percibió su aroma. Olía a gel de ducha mezclado con el olor salado de su piel. Su aroma se sentía en todos lados, como si se tratara de un segundo abrazo alrededor de ella. De repente Elli se sintió curiosamente atontada. Parpadeaba en un intento vano por vencer su repentina debilidad. Sin querer, se estaba dando cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que un hombre la había tenido entre sus brazos. Demasiado tiempo. Por un momento, solo por una décima de segundo, se imaginó lo que sería dejarse caer en esos brazos fuertes, cerrar los ojos y respirar ese avasallante aroma masculino. Unas palabras ásperas la hicieron volver a la realidad—. A la noche —prosiguió él— acá hay mucho movimiento. Por lo general tenemos más visitantes de los que deberíamos autorizar a ingresar. La mayoría vienen poco antes de las doce de la noche, antes de que las bailarinas comiencen con su show. El ambiente se calienta y se excita. Comienzan a surgir comentarios sugerentes, por decirlo de un modo suave. En tu trabajo sería poco apropiado que estés intentando luchar constantemente contra la densa multitud, en donde el contacto físico es la regla, no la excepción.

Eddy la apretó aún más fuertemente, tanto que sus cuerpos se tocaron en toda su longitud. Elli volvió a intentar tomar aire, asustada.

—¡No! ¡Suélteme!

—Tranquila, dulce. Yo solo me quiero asegurar de que tengas en claro a qué te estás exponiendo. No todos los clientes son tan sobrios y controlados como yo. En otras palabras, después de las doce acá no vas a encontrar a ninguno que no le salga el alcohol por los poros. —Elli emitió un gemido de tortura. ¿Era esto realmente necesario? ¿Acaso tenía él que hacer todo más difícil? ¿No sabía él que a ella ya se le habían aflojado las rodillas del pánico, con solo pensar cómo sería su primer día en Cleopatra? Sin mencionar lo que vendría luego. Sobre todo por las cosas que Eddy tan amablemente le había informado—. Por lo general es mejor reconsiderar la cuestión durante una noche. Muchas chicas tienen falsas expectativas con respecto al trabajo —continuó él.

—¿Por eso usted se toma la libertad de explicarles todo tan… ampliamente a las postulantes, respecto a las condiciones de trabajo futuras? —musitó Elli enojada.

—Yo me tomo muy en serio el bienestar de mis empleados —contestó Eddy despreocupado.

—Yo estaría muy agradecida —refunfuñó Elli—. Pero yo solicito que me suelte. Ya se ha expresado de modo suficientemente claro —esta vez la liberó tan abruptamente que Elli retrocedió tambaleante por la sorpresa. Por una fracción de segundo a Elli la sobrecogió una sensación extraña. ¿Era posible que se sintiera de golpe extrañamente desnuda, extrañamente indefensa? Pero esa sensación se fue tan rápidamente como llegó— ¿Al final me va a dar el trabajo? —Elli había llegado a la conclusión de que el mejor modo de tratar con Eddy era en forma directa. Solo quería saber una cosa: si se le concedía el puesto que tanto necesitaba, como abominaba. Esto último ella nunca se lo confesaría a Eddy. Cuanto más tiempo tuviera que esperar la decisión, más nerviosa se pondría. Ya no tenía confianza en sí misma. Si tenía que estar mucho más tiempo en esa penumbra, donde podía imaginar fácilmente lo que le esperaba en ese trabajo en Cleopatra, perdería su autocontrol y saldría a las disparadas del local sin haberle podido sacar una confirmación a Eddy. Entretanto, Eddy ya se había sentado cómodamente en su taburete, en donde había adoptado la postura informal como anteriormente.

—Pareces totalmente encaprichada con el trabajo.

—Lo necesito.

—¿No pude asustarte aunque sea un poquito?

Elli tomó aire, nerviosa. Luego movió la cabeza.

—No

Ambos sabían que eso era una mentira.

—Bueno, —dijo Eddy estirándose—, ¿Por qué no hacemos una prueba?

Elli se quejó por dentro.

—¿No podría simplemente darme una confirmación? —suplicó ella.

Eddy la examinó con su vista mientras movía la cabeza.

—¿Alguna vez recibiste una confirmación para un trabajo antes de que termine la entrevista laboral, dulce? Ni siquiera hace diez minutos que estás acá. Quiero asegurarme de que puedas manejarte bien con el trabajo. Si yo tengo que ponerme a buscar una nueva después de la primera noche, entonces para mí no habrá tenido sentido el esfuerzo, ¿entiendes? —dijo con mirada desafiante. Elli suspiró resignada—. Bueno. A los fines prácticos vamos a hacer la cosa bien sencilla. Tráeme un vaso de agua —Elli vaciló. Ella miraba a Eddy deliberadamente, en la esperanza de que Eddy cambiara de opinión y accediera a emplearla sin tener que pasar por una prueba—. Estoy sediento, dulce —ladró él, con la mirada fija en el pecho de Elli.

Lentamente Eddy fue levantando la cabeza hasta mirarla a los ojos. Y no dejó dudas de que no tenía sed únicamente de agua. Elli desapareció apresuradamente detrás de la barra. De golpe se encontró haciendo la prueba. Detrás de sí escuchaba la risa gutural de Eddy. El sonido oscuro y lleno desató un peculiar hormigueo en su piel, pero ella no quería seguir pensando en ello.

Abrió bruscamente la puerta de un aparador que estaba a la altura de su cabeza, sacó el primer vaso de vidrio que encontró y lo llenó rápidamente con agua. Esto duró menos de un minuto, pero podía percibir claramente la mirada de Eddy sobre sí, lo cual la ponía nerviosa. Se dio vuelta apresuradamente, apoyó firmemente el vaso sobre el mostrador delante de él.

—Si esto no es buen servicio —se burló Eddy. Levantó el vaso, le hizo el gesto de “salud” a ella y lo apoyó en sus labios. Elli observaba cómo se le movía la nuez de su garganta mientras se sorbía el vaso. Haciendo ruido, él puso el vaso sobre la barra y se lo acercó a ella, agregó:

—Ahora otra vez. Sonreír es, por cierto, obligatorio.

¡Esto no podía ser en serio! Elli apoyó sus manos airadamente en sus caderas.

—¿Tengo que repetir todo nuevamente, solo para que Ud. me vea sonreír?

Eddy se sonrió burlonamente.

—Esto no es todo, dulce. El segundo paso es serio. En topless.

Elli se quedó helada. Sus brazos cayeron inertes a los costados. Su rostro empalideció.

—¡Eso ni pensarlo! —exclamó indignada.

—¿Ah, sí? —Eddy levantó una ceja—. Pero yo insisto.

Elli movió su cabeza vehementemente.

—¡De eso se puede olvidar!

—Dulce, si no puedes delante de mí, ¿cómo pretendes poder hacerlo delante de todos, cuando el local esté lleno de gente, eh?

Eddy levantó el vaso y lo apoyó firmemente sobre el mostrador, en señal de autoridad. Elli lo ignoró, dando un golpe con su pie contra el piso, detrás de la barra.

—¡Ese es mi problema!

—No del todo. Parece que te olvidas que quieres trabajar para mí. Tengo que saber si mis futuros empleados cumplen lo que prometen.

Elli apretó sus labios con tanta fuerza hasta parecer dos finas líneas.

—Yo voy a cumplir mi promesa. ¿Puedo irme ahora? —Cuando ella cayó en la cuenta de lo que acababa de decir, le echó una mirada temerosa—. Quiero decir, ¿me va a dar el trabajo?

—Con lo cabeza dura que eres, no me queda otra opción —refunfuñó Eddy. Elli respiró aliviada—. Pero recién cuando me sirvas en topless.

Elli dejó escapar un gemido doloroso. Cerró los ojos e inspiró aire profundamente. Tenía dos opciones: salir corriendo ahora mismo de Cleopatra, como lo había querido hacer desde que dio su primer paso en el local, o perseverar hasta haber pasado el último test con la esperanza de conseguir finalmente el puesto.

Si iba a conseguir el puesto… El trabajo era bien pago. Sorprendentemente bien pago. Ella lograría saldar la deuda de Janka a tiempo, tal como se lo había prometido a su hermana. Y poder transferir el dinero de la deuda de Janka para ella era cuestión de vida o muerte. Para Janka de todos modos. Su hermana había amenazado con quitarse la vida, si… Elli no quería recordar el último llamado telefónico con Janka. Si ella abandonaba el local Cleopatra, debería ser solo con el conocimiento de que su hermana estaba segura.

Temblando levantó sus manos. Sus dedos abrían torpemente el botón de más arriba de su blusa. Luego el segundo, el tercero. Su piel, que aparecía en forma de V, brillaba en tono blanco pálido en la penumbra. Al cuarto botón Elli dudó. Levantó la vista. Un error, tal como reconoció de inmediato. Eddy estaba mirando expectante a sus pechos aún cubiertos, un extraño brillo en sus ojos. Elli tomó aire profundamente. Su pecho se alzaba y se caía pesadamente. Apoyó una mano en su frente que ardía. Ella se sentía como en un horno, si bien el clima en el bar estaba agradablemente fresco.

—Yo… yo no puedo, susurró con voz afónica.

Lentamente la mirada de Eddy se dirigió de los pechos a su rostro.

—¿Por qué no?

—Yo… yo simplemente no puedo —balbuceó Elli sin poder hacer nada.

—¿Miedo, a que no me gusten?

Elli abrió los ojos bien grandes. Conmocionada, miró a Eddy fijamente. Abrió la boca, pero no llegó a decirle su opinión.

De golpe el salón se iluminó, lo cual sobresaltó tanto a Elli como a Eddy.

—¡Hola gente! —sonó una voz profunda—. ¿Qué andan haciendo acá en la oscuridad?. —La luz se hizo para que uno la prenda. Especialmente cuando está tan oscuro. Elli giró la cabeza muy lentamente. El desconocido se acercó. Era petiso, se lo veía bien alimentado y caminaba como un pato—. ¿Eres Elli Mirten? —preguntó, cuando se acercó a la barra. Elli asintió con la cabeza, algo aturdida—. Muy bien, muy bien. Como veo, ya conociste a Kyrill. —Elli, algo confundida, se quedó mirando fijamente al pequeño hombre que caminaba como pato. ¿Kyrill? ¿De qué Kyrill estaba hablando? Y antes de que ella pudiera preguntar, el hombre regordete agregó—: mi nombre es Eddy. Eddy con “y griega”.

La fisonomía de Elli pareció retorcerse dolorosamente, al experimentar un cruel reconocimiento que se expresó en su rostro. Un gemido comprimido se escapó de su garganta. Incrédula, se quedó mirando al hombre que se acababa de presentar con Eddy.

—En la primaria fundé el Club Y Griega. Kyrill por supuesto ya formaba parte de él. Incluso pensé en ponerle el nombre “Club Y Griega” a mi boliche acá, pero no hubiera sido bueno para el negocio. Cleopatra es naturalmente el nombre elegido. Con él asocia uno dulzura, belleza y placer. Todo ello ofrezco yo a mi clientela —Eddy hizo una sonrisa irónica y socarrona— en fin, mis chicas de todos modos. El nombre del boliche se lo debo a mi antiguo conocido acá.

Eddy señalaba con un gesto de su cabeza al hombre que Elli había interpretado hasta ese momento como el dueño de Cleopatra.

¿Pero qué pasa contigo, tesoro? —continuó él.— ¿Estás lista para una breve entrevista?

Elli quedó como petrificada. Durante todo el monólogo no se había movido un centímetro. Durante el monólogo de Eddy. El pequeño gordo, éste era Eddy. Éste era su futuro empleador. Su mirada se apartó de Eddy y se dirigió al Kyrill en cuestión, quien aún estaba encorvado en su taburete sin mostrar una pizca de sentimiento de culpa. En lugar de eso, seguía examinando a Elli con la mirada con una sonrisa de complacencia y satisfacción, ante la cual Elli hubiera querido como mínimo pegarle en la cara. Si ella había entendido bien, Kyrill no tenía nada que ver con Cleopatra. No era más que un antiguo amigo de del colegio de Eddy, quien había pasado el tiempo en Cleopatra y se había presentado como el dueño del local.

Elli sentía cómo se le retorcía el estómago. Miles de pensamientos le rondaban al mismo tiempo. Era como si no pudiera decidirse por un pensamiento, como si no pudiera tomar la determinación de seguir la línea de un pensamiento solo. Elli presionó su mano contra su sien y se tragó un gemido profundo. ¡Le habían tomado el pelo! Kyrill, el supuesto Eddy, se había divertido a costillas de ella. ¡La había hecho quedar en ridículo!

Lo siguiente que Elli sabía era que buscaría presurosamente el camino para salir de Cleopatra, llevándose por delante mesas y sillas, teniendo únicamente una meta: encontrar la salida. Pero no pudo llegar lejos. Escuchó a Eddy decirle algo poco claro por detrás. Pero era Kyrill quien la alcanzó. Cuando Elly sintió que Kyrill la tomó del brazo con su mano, gritó escandalizada. Al momento sintió un sacudón y prácticamente se estrelló contra el pecho de Kyrill. Experimentó una sensación que ya le era conocida. Por unos segundos permaneció quieta, pero enseguida comenzó a golpear con ira el pecho de Kyrill, le devolvería a puñetazos la humillación que había sufrido. Kyrill simplemente no se defendió, lo cual hizo aumentar aún más la furia de Elli. El balbuceó algo por lo bajo, que sonó a un “wow”. Sus palabras hicieron que Elli recuperara la cordura.

—¿Piensas que así obtendrás el trabajo?

Algo acalorada, lo miró fijamente:

—Usted es un mentiroso despreciable. Me manipuló para engañarme. Se divirtió a lo grande, ¿verdad? Quizá pensó: “¡qué tonta, tan simple…!”

Su voz se quebró. Repentinamente tenía lágrimas en sus ojos. Elli bajó la cabeza, parpadeó con ímpetu. Kyrill puso su mano bajo el mentón de ella, obligándola a mirarlo de frente.

—Dulce, todo lo que hice fue para tu bien.

Elli sacudió su cabeza. No se animaba a hablar por miedo a que su voz se quebrara. Se había tomado tantas molestias, se había esforzado con tanto afán por conseguir ese trabajo que necesitaba tan urgentemente y que tan rápidamente llegó a detestar. Había dado todo lo que tenía. ¿Y para qué? Para darse cuenta de que le habían tomado del pelo.

—Escúchame, dulce. Te hago una oferta, —agregó Kyrill.

Estas palabras hicieron que Elli dejara sus emociones repentinamente de lado.

—¿Qué?

—Escuchaste bien. ¿Por qué en lugar de trabajar para Eddy simplemente no lo haces para mí?

Elli temblaba de ira.

—¿Y qué tendría que hacer? ¿Servir desnuda?

Kyrill sonrió satisfecho.

—Algo así —él se inclinó acercándose al oído de ella y le dijo susurrando:— una noche desnuda en mi cama.

Elli tomó aire. Se alejó de él, como si se hubiera quemado con él. Apretó fuertemente sus puños.

—Ud. está loco.

—Según la opinión de una mujer, puede ser, sí —le guiñó el ojo.

—¿Acaso siempre le hace esa competencia a sus colegas? —exclamó furiosa.

Kyrill se rió.

—Tú eres una excepción. Tú me estimulas particularmente.

—¡Nunca me aventuraré a algo así!

—¿Ah, no? ¿Prefieres utilizar tu talento para servir a las mesas en topless? Como quieras. En caso de que cambies de opinión… mi dirección es calle Tannenweg seis.

Elli le propinó una fuerte bofetada. Acto seguido, él la liberó abruptamente y ella se dirigió rápidamente a la salida de Cleopatra. Pero antes de que pudiera abrir la puerta, la alcanzó nuevamente la voz de Kyrill.

—¿Oh, Eleonor? —Elli no sabía por qué se detuvo, qué la motivaba a echar un vistazo hacia atrás por encima de su hombro—. Dado que aparentemente tienes problemas económicos… yo pago bien, dulce. Muy bien.

Elli estaba por explotar de furia. Y en ese momento Kyrill le mencionó una suma que la dejó atontada. Volvió a estremecerse, esta vez no por enojo, sino por incredulidad.

Capítulo 2

 

—Yo no vuelvo a casa, Elli. —Elli intentaba inútilmente tranquilizar a su hermana.

—No te hagas problema, Janka, ya reuní casi la totalidad del dinero.

—Eso lo dices por decir.

—No, en serio, yo…

—¿Por qué no pagaste aún la cuota del colegio?

Elli cerró los ojos mientras se masajeaba la sien.

—Sucede que tenía mucho para…

—Tú no tienes el dinero. Yo no vuelvo a casa para que me manden a la escuela pública. Antes me suicido.

Elli sabía que Janka lo decía en serio. Su estado era muy inestable, aún un año después del hecho. Y si ella tenía que retornar a su ciudad de origen, donde tarde o temprano tendría que confrontarse con su torturador…

—Querida, no tienes motivo para estar alterada. Mañana voy a pagar el colegio.

Janka se calló durante un largo rato.

—¿Me lo prometes? —Preguntó finalmente—. Lo prometo.

Elli colgó y sumergió su cara entre sus manos. No había conseguido el trabajo en Cleopatra, dado que luego del ofrecimiento de Kyrill, no tuvo los nervios como para reanudar el diálogo con Eddy. Aún cuando de Eddy se llevó una impresión más simpática que ese arrogante cabrón que quiso llevarla a su cama. Calle Tannenweg 6, ¡pah! Si era por ella, ¡daba lo mismo si él hubiera vivido en la luna! Ella jamás le hubiera hecho una visita, ¡solo sobre su cadáver!

La suma que Kyrill le había mencionado… Elli cerró los ojos. Esta sería la solución a todos sus problemas. Aun si Kyrill Kostic le hubiera ofrecido varios millones por sus… servicios, nunca ella se rebajaría al nivel de ese bastardo presumido. ¡De ningún modo aceptaría la oferta de un hombre que la había conducido de ese modo al error! Él era engreído y arrogante, con un ego que superaba tres veces el tamaño del salón de Cleopatra. No, ella de ningún modo pasaría una noche en su cama, ¡ni siquiera un minuto! Pero ¿cómo iba a pagar ella las cuotas escolares de Janka? Podía olvidarse del trabajo en Cleopatra. Ella había salido corriendo de Cleopatra, como si tuviera un cohete en el trasero. Seguramente que Eddy no la iba a contratar, además de que ella de todos modos no hubiera tenido el coraje de volver a ese local.

¿Le había prometido efectivamente a Janka que al día siguiente tendría el dinero disponible para pagar? ¿Acaso había perdido la razón? ¿Cómo iba a hacer para financiar un semestre de la escuela privada con su cuenta, que prácticamente estaba vacía?

Hasta ese momento había ido tirando con los escritos. El dinero había alcanzado para ella sola. ¿Pero para las horrendas cuotas de un colegio privado? Elli sabía cuán importante era para Janka poder seguir viviendo en el internado en las montañas. Janka tuvo que recurrir a la asistencia y el apoyo que ella recibía allí. Elli suspiró profundamente. ¡Si tan solo sus padres hubieran podido seguir pagando el colegio!

¿Y qué podía hacer ella ahora?

Ella le había hecho una promesa a Janka que no podía cumplir, dado que nunca, nunca en su vida pasaría una noche con Kyrill Kostic. Ni siquiera por causa de su hermana se arrastraría bajo la frazada de Kyrill Kostic.

Un par de horas después Elli estaba conduciendo a través del bosque. Había hecho un gran esfuerzo al pasar el desvío que la conduciría a la calle Tannenweg. Tannenweg seis. Había buscado antes la dirección en Googlemaps. Tannenweg era una calle solitaria en medio del bosque. El número seis, contrariamente a lo esperado, indicaba a la única casa de la calle Tannenweg. Finalmente descubrió un pequeño camino de tierra con pozos, que salía a la derecha de la calle principal y se perdía entre los árboles.

Elli tomó por la calle Tannenweg. Sostenía el volante firmemente con sus dos manos, conducía tan tiesa por la calle Tannenweg como si fuera su primera hora manejando. Transpiraba. Su corazón latía fuerte y oprimía su pecho. Cuando en medio de los árboles finalmente apareció una gran mansión blanca. Elli frenó su auto bruscamente. Abrió la puerta del auto de golpe y prácticamente saltó de él. Ella sabía que si no se apuraba a tocar el timbre iba a volver sobre sus pasos en ese preciso instante y desaparecer. Estaba tan concentrada en su objetivo que se había dejado olvidadas las llaves del auto en el contacto del arranque. Pero esto no era un problema allí afuera, en medio de esa soledad. Elli apretó el timbre con su dedo tembloroso. Un sonido penetrante de campanas resonó en el interior de la casa, pero todo quedó igual de quieto y silencioso. Elli aguardaba. Titubeando, miraba a su alrededor. Todo parecía estar tan tranquilo y desierto. ¿Estaría Kyrill en casa? Paradójicamente Elli así lo esperaba.

Era como lo sucedido en Cleopatra: ella no tendría el suficiente valor para hacer un segundo intento. Volvió a tocar el timbre. No sabía cuándo, pero en algún momento durante el curso de la tarde ella había cambiado de opinión. Por Janka. Por Janka haría todo. Y si ella ya detestaba a Kyrill, esto era un motivo más para poder quitarle a él la suma prometida.

Cuando finalmente se abrió la puerta de la casa, Elli se estremeció del susto. Ella ya contaba con que Kyrill estaría fuera de la casa.

Kyrill estaba tan asombrado de verla, tanto como ella a él. Elli no sabía qué debía decir. Solo se quedó tiesa mirándolo fijamente. Él llevaba puestos jeans y una camisa abierta. Seguramente habría salido recién de la ducha, ya que su cabello estaba mojado y en su cuello llevaba una toalla entrecruzada. Unos misteriosos ojos verde-grisáceos se fijaron en ella.

“Por Janka”, se decía Elli a sí misma por dentro. “Por Janka.” Luego juntó todo su coraje.

—Yo… emm… vengo por su oferta.

—Mira tú. No hubiera pensado que tú realmente hubieras aceptado.

—Si usted ahora…Si usted ahora ya no quiere… -—Elli se sonrojó.

Kyrill sonrió irónicamente.

—Sí, por supuesto. Ven dentro.

Elli pasó por delante de Kyrill, vacilante. Se quedó parada en la entrada, sintiéndose insegura. Kyrill cerró la puerta detrás de ella, haciéndole una seña con la cabeza, de que debía seguirlo. La condujo a la cocina y le acercó una silla. Elli se sentó rígida. Se restregaba nerviosamente las manos. ¿Cómo haría para encarar lo antes posible el tema? Con solo pensar lo que le esperaba, casi se sentía desvanecer. Su nerviosismo era evidente.

—¿Quieres tomar algo? —Elli disintió con la cabeza. Kyrill se sirvió un vaso de brandy y se sentó frente a ella.

—Bueno, Eleonor. —En contraposición a ella, él parecía estar totalmente relajado, tanto como lo había estado siete días antes, cuando la había encontrado en Cleopatra. Su actitud distendida la amargaba y no hacía más que crearle más ansiedad. Nerviosa, restregaba el dobladillo de su blusa entre sus manos.

—Cuéntame algo de ti.

—¿Qué? —exclamó con voz ronca.

—Cuéntame algo sobre ti.

—¡Yo no vine acá a charlar!

Elli le arrojó una mirada fulminante de indignación. Ella quería superar esa horrible noche lo más rápido posible. Cuanto más rápido ellos… comenzaran con ello, antes también terminarían.

—Yo solo quería que tú te relajes, eso es todo.

—¡Estoy relajada!

—Mmm, eso veo —dijo Kyrill. Su tono sarcástico permitía interpretar lo contrario. Se sirvió un segundo vaso de brandy y lo tomó de un trago.

—¿Tu color favorito? ¿Peluche favorito? ¿Clima preferido?

—¡Deje ya de ser absurdo!

—Dado que ahora vamos a hacer negocios juntos, puedes tutearme tranquilamente.

Elli se levantó abruptamente de la silla.

—¿Dónde está el baño? —dijo casi sin aliento.

—Mmm, no es exactamente lo que quería escuchar —señaló Kyrill desde la cocina—. Justo a la vuelta.

Elli se apresuró a ir al baño y cerró la puerta con llave tras de sí. Rápidamente se sintió aliviada.

¡Lo que había hecho allí era realmente una locura! Ella no podía seguir a la cama a un hombre totalmente desconocido, por quien no sentía más que desprecio.

Elli abrió la canilla, luego se lavó las manos. No sabía por qué camino volver a la cocina. Tampoco sabía cómo volver a encarar a Kyrill.

—¿Mejor? —preguntó él con una sonrisa irónica en sus labios.

Elli solo respondió con una expresión indefinida.

Kyrill volvió a sonreír irónicamente.

—¿Qué sucede? ¿Vas a contarme algo sobre ti o permanecerás todo el tiempo callada? —Elli tomó aire profundamente.

—Ahora no puedo. Me resulta imposible hablar.

Kyrill se encogió de hombros.

—Como quieras. Si prefieres empezar ya mismo, pues vamos ahora. —Él la miró insistentemente—. Con una noche me refiero a doce horas.

Elli solo asintió con la cabeza. Nerviosa, se pasó la lengua por los labios.

Kyrill echó un vistazo a su reloj.

—Esto significa para ti, hasta mañana a las siete.

Elli prestó su conformidad nuevamente con un simple “bien”, habiendo fijado la vista en la heladera por detrás de la cabeza de Kyrill, quien contrajo la comisura de sus labios.

—Bien, entonces, ven aquí, dulce.

Kyrill se levantó. Lentamente ella hizo lo propio. Vacilando un poco lo siguió. Las palmas de sus manos estaban húmedas por la transpiración, le dolía el estómago por el nerviosismo. Por Janka, se decía a si misma por dentro, mientras subía las escaleras al primer piso, por Janka.

Él la condujo a una habitación amplia, bien ordenada. La guió directo a una cama perfectamente arreglada.

—¿Debo cerrar las persianas o no? —Elli se estremeció al darse cuenta de que Kyrill le había hablado a ella.

—¿Qué?

—Si cierro las persianas o no.

—¡Cerradas! —dijo repentinamente, como disparando su respuesta. Cuanto más oscura estuviera la habitación, menos podría ver, tanto mejor.

—Kyrill levantó una ceja, pero no dijo nada. Se acercó a la ventana y cerró las persianas.

Elli lo observaba. La sangre le fluía hasta enardecerle las orejas, mientras observaba cómo Kyrill, en medio del ambiente con luz tenue, se acercaba a la cama y quitaba la frazada. Sin preocuparse por Elli, se quitó los jeans y la camisa.

Elli desvió enseguida la mirada, al darse cuenta que Kyrill no llevaba ropa interior. Las sábanas crujían cuando Kyrill se acostó en la cama.

—El trato fue en mi cama. No en mi habitación.

Elli tomó aire profundamente. Poco a poco, paso a paso fue acercándose a la cama. Finalmente se sentó al borde externo y se deslizó desde ahí rápidamente bajo la frazada.

—Y desnuda.

Wollen Sie wissen, wie es weiter geht?

Hier können Sie "Tímida Pasión" sofort kaufen und weiterlesen:

Amazon

Apple iBookstore

ebook.de

Thalia

Weltbild

Viel Spaß!



Kaufen






Teilen